¿Y cómo andamos por casa? La imagen de Chile

Lo fútil de este concepto en boca del actual Gobierno –“la imagen de Chile”— queda a la vista luego de comprobar, por ejemplo, la ausencia de los insumos básicos que den las garantías técnicas y sanitarias para el funcionamiento de la Convención Constitucional.

Esta persona ingresa primero con una autorización solicitada por el Ministerio de Cultura, que establece que es esencial para el desarrollo de la industria nacional y la difusión de la imagen de Chile. Frente a esto, el Ministerio de Relaciones Exteriores genera la autorización”. Con tamaña declaración, la subsecretaria de Prevención de Delito Katherine Martorell, traía de regreso a la vida al mentado fantasma de la autoridad ministerial de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, cuando en un reporte sanitario del día lunes 28 de junio, respondía consultas suscitadas por la presencia en el país del artista germano-hispano Arón Piper, a quien se le habría sorprendido en Pucón, transgrediendo disposiciones sanitarias adoptadas para evitar el contagio del Sars Cov2.

El hecho ocurría en un ya enrarecido ambiente creado por las contradictorias versiones que las autoridades del MINSAL esgrimían, para explicar el arribo de la variante Delta al territorio nacional. En esta atmosfera se entreveraron las temerarias incursiones de un Piper que, durante su estadía allá en el sur, se paseó por Pucón sin mascarilla y haciendo selfies con quienes lo reconocían en la calle. Este incidente –por cierto, sin reconvención alguna— se vuelve aún más intolerable si lo cotejamos con el caso de aquella mujer que la semana pasada cantaba en el centro de Santiago para ganar su sustento, hasta que inspectores municipales la “conminaron” a retirarse del lugar, so pretexto de causar “ruidos molestos”.

Pero ¿Cómo fue que en medio de la debacle pandémica llegó Piper al país? Su ingreso lo gestionó la productora “Fábula”, tras conseguir un informe favorable de la Subsecretaría de las Culturas y las Artes, según lo difundieron diversos medios de circulación nacional, un hecho que hasta la fecha no habría sido desmentido por la autoridad aludida. Tan encomiable celeridad para allanar los trámites de ingreso a un artista extranjero que –dicho sea de paso, pareciera tener la misma carga genética de aquel súbito humanitarismo experimentado por las autoridades del MINSAL, que permitió el arribo de la variante Delta al país—, en nada se condice con esa desprolijidad y desidia que los mandamases del MINCAP han hecho gala, cuando ha sido urgente implementar medidas que mitiguen el desamparo social por el que cruza el sector artístico nacional, tras la cesantía ocasionada por la pandemia.

Si observamos el duro panorama que por casi año y medio se ha instalado en el sector Culturas y Artes, parece incomprensible de qué modo y en qué medida podría la visita de un artista extranjero resultar estratégica para el “desarrollo de la industria nacional”, asumiendo que, por pertinencia, el argumento esgrimido por la autoridad del MINCAP alude a la industria cultural. Más difícil aún es hallar la coherencia en el recurso de la imagen país como argumento creíble. Lo fútil de este concepto en boca del actual Gobierno –“la imagen de Chile”— queda a la vista luego de comprobar, por ejemplo, la ausencia de los insumos básicos que den las garantías técnicas y sanitarias para el funcionamiento de la Convención Constitucional. Y es que el papelón internacional protagonizado por La Moneda por la responsabilidad que le cabe en el fracaso de la primera sesión de dicha Convención, tiene en su génesis la misma desprolijidad e indolencia con que se han desatendido las necesidades de los trabajadores y trabajadoras de las artes.

Pero no nos confundimos: la imagen de Chile, esa que el mundo sigue hoy con atención, no la hace un artista extranjero y sus eventualidades, sino la encarna el pueblo chileno que, tras el estallido de octubre 19, se ha organizado en asambleas con la firme resolución de refundar la república, cambiando definitivamente aquel marco jurídico ignominioso que nos dejara por inmerecido legado, una de las más cruentas dictaduras cívico militares del continente.

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